IES Las Salinas
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Un día,  su Dios y mi Dios se pusieron de acuerdo para unir nuestros caminos, él como profesor de filosofía y  yo como un jefe de estudio adjunto, él como Capitán Veneno y yo como un amante de un añejo tres por cuatro, yo como un seguidor confesable de Santo Tomás de Aquino y él como un apóstol fiel de   Nietzsche. Algo que nos unía, la pasión por Silvio Rodríguez.

En las horas que compartimos  cigarrillos y café descubrí a un compañero, a un amigo leal, a un profesional, en las clases era Juan Carlos Aragón Becerra, no quería saber nada de carnaval, no admitía preguntas que no fueran de la materia.

Comprobé esa teoría que dice que los genios están locos, que son de otro mundo. Subía las escaleras mascullando un soniquete, sin apenas mirar a la gente con la que se cruzaba. “Que quieres, me dijo un día, así es como compongo, no tengo tiempo para nada. En casa preparo los temas, corrijo los exámenes, me preparo las oposiciones, no por que quiera aprobar, que hago yo en Almería, porque me obligan, ya se me fue la idea…”.

Mantenía con el alumnado ese despertador constante para que despertaran de ese sueño que es la indiferencia.

Esta vez la muerte si se acostó en tu cama y te llevó, compañero levantaste el vuelo sin decir nada…

 

Andrés Otero Chamorro